
¿Distinguimos los distintos tipos de hambre? ¿Existe el hambre emocional?
¿Cómo reconozco el hambre física?
Saber diferenciar el hambre física (o real) del hambre emocional (o la gula), es un aspecto primordial para todos aquellos que quieren tener su alimentación bajo control.
Empezaremos hablando sobre el hambre física y sus principales características:
El hambre física (también llamada fisiológica), responde a la necesidad fisiológica vital, indispensable no sólo para saciar el hambre, sino para nutrir al cuerpo (cubrir los requerimientos de energía, proteínas, vitaminas, grasas, minerales y vitaminas ) .
Aparece de manera gradual y es paciente, por lo cual, puedo ser capaz de pensar qué alimentos debo consumir. Responde a una necesidad física. Eres plenamente consciente de lo que comes, y por tanto controlas las cantidades.
Una vez saciados, dejamos de comer.
No aparece el sentimiento de culpa, responde a una necesidad; te sientes bien.
En definitiva, la saciamos con coherencia, tomando conciencia y haciendo elecciones saludables.
Por el contrario, el hambre emocional es repentina. No puede esperar. Tengo muy presente un alimento en concreto, hago elecciones automáticas, dirigidas a comidas poco saludables; no vale otra. Pero tampoco soy capaz de disfrutar los sabores.
El estado anímico también influirá en la cantidad de alimentos. El antojo es mental, solo se piensa en cierto sabor o textura.
No distingo la saciedad, sigo comiendo; aquí si acabará apareciendo el sentimiento de culpa y malestar.
El hambre emocional, predispone a patologías tales como obesidad, sobrepeso, diabetes mellitus, hipertensión….
El vínculo entre la alimentación y las emociones es más fuerte de lo que en ocasiones pensamos; pero está de nuestro lado el poder romper esa unión. El primer paso, es reconocer que existe , aprender a distinguirlas y querer solucionarlo.
Lo primero que vamos a plantearnos , la próxima vez que sintamos hambre va a ser:
– ¿Dónde se manifiesta?
Hasta ahora no lo hemos nombrado, pero el hambre física se manifiesta con el temido estómago vacío, ruidos, sensación de falta de energía o dificultad de concentración.
En cambio, cuando presento hambre emocional, el estómago está tranquilo, pero podemos confundirlo por tener un nudo en el estómago, sensación de opresión o inquietud.
– ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última ingesta?
Es importante respetar los horarios para evitar los temidos atracones, evitar llegar a tener un hambre “desmesurada”
– ¿Me apetece un alimento concreto?
Cuando tenemos hambre física, estamos abiertos a varias opciones y si llegamos a tener mucha hambre, cualquier alimento nos satisface.
En cambio, con el hambre emocional, solemos tener antojos por un determinado alimento, poco saludable (probablemente rico en grasas, azúcares…) Estos alimentos tienen un efecto placentero-reforzante en nuestro cerebro y por tanto son los que creemos que nos reconfortan en ese momento. Pero solo en ese momento.
¿Qué soluciones se nos ocurren para controlar el hambre emocional?
– Respetar unos horarios con las comidas
– Estar bien hidratados
– Mantener bajo control el estrés
– Regular el sueño
– Realizar ejercicio de manera regular
