El azúcar se puede clasificar por su origen (de caña de azúcar, de remolacha), pero también por el grado de refinación de este. Normalmente la refinación se expresa visualmente a través del color (azúcar moreno, azúcar rubio, blanco), que está dado principalmente por el porcentaje de sacarosa que se le ha extraído.
El azúcar refinado lo único que contiene son hidratos de carbono simples (sacarosa) con un valor calórico de 398 kcal por cada 100 gramos y carece de proteínas, grasas, minerales y vitaminas.
Es uno de los enemigos a combatir cuando se trata de alimentación.
Es indispensable para el buen funcionamiento del organismo, y en todo caso lo realmente perjudicial es el abuso y tomar más de lo debido cuando se tiene determinadas patologías.
Prescindir totalmente de él es imposible, ya que es un tipo de hidrato de carbono que se encuentra en muchos alimentos de forma natural (en la leche : lactosa, en la fruta: fructosa, y en la miel)
Desde el año 2014, la Organización Mundial de La Salud (OMS), insiste que el consumo de azúcares libres no debería superar el 10% de las calorías diarias, pero lo ideal sería no superar el 5%.
¿A qué es debido? Con estos, aumentamos la ingesta calórica total (aumentan los problemas relacionados con el sobrepeso, obesidad, y mayor riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles) , disminuyendo el consumo de otros alimentos con mayores propiedades nutricionales.
¿Qué entendemos por azúcares libres?
“La OMS indica que los azúcares libres son los monosacáridos (como la glucosa y la fructosa) y los disacáridos (como la sacarosa o azúcar de mesa) que añaden a los alimentos y las bebidas los fabricantes, cocineros y consumidores, así como a los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los zumos de frutas y los zumos a base de concentrado.”,
¡OJO! Estos azúcares no son comparables con el azúcar propio de las frutas y verduras frescas.
Las patologías derivadas de una ingesta excesiva de azúcar, ya son de sobra conocidas por tod@s, pero vamos a repasarlas:
Sobrepeso o la obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, colesterol, cálculos, problemas hepáticos, déficits de vitaminas y minerales (Vit. A, C, B, calcio, hierro), Caries dental ( las bacterias de la boca se nutren de azúcares simples, generando ácido que daña el esmalte dental) , hambre descontrolada (se genere resistencia a la leptina, hormona que controla la sensación de hambre, de manera que se pierde todo control sobre el mismo) , gota (exceso de fructosa), Insuficiencia renal crónica (Cuando en la orina comienza a detectarse la presencia de albúmina denota que se comienzan a producir fallos en los riñones) y dependencia(adicción, se desconoce cual es el mecanismo, pero existen estudios que demuestran la adicción en animales)
¿Y qué ocurre cuando empiezo a reducirlo?
Lo primero que tenemos que tener muy claro, es que su reducción debe ser gradual; los principales cambios que experimenta el organismo son:
– Pérdida de peso (al reducir el azúcar, reducimos el aporte de calorías vacías)
– Regulación del apetito (se revierte la resistencia a la leptina, y recuperamos el control sobre el apetito)
– El azúcar estimula el deseo de dulce, cuanto más consumo, más necesidad de consumirlo.
– Al reducir la ingesta de azúcar no se estimula el apetito sin tener hambre
– Aprendo de nuevo a saborear: Recuperamos los umbrales de percepción de sabores; pasados 3 meses aproximadamente, percibiremos el dulce, un 40% más dulce que antes cuando los consumíamos.
– Mejorara nuestro riesgo cardiovascular: colesterol, triglicéridos, tensión arterial… se verán más fácilmente controlados . Así mismo, la resistencia a la insulina, también será menor.
– Nuestra dieta será mas rica en vitaminas, minerales y fibra.
“Lo lógico sería pensar, que tendremos una mayor calidad de vida”
¿Te parecen motivos suficientes para empezar a reducir el azúcar?
¿Sabes reconocerlo en el etiquetado?
¿Qué alternativas conoces? ….
